“Me llamo Luis y tengo 50 años. Mi aventura en esta empresa comenzó hace aproximadamente un año. Llegué desmotivado, lleno de descrédito hacia el mundo-gimnasio y rebosante de kilos extra, amorfo (entiéndaseme, sin formas definidas) y sobre todo escéptico en lo que respecta a mi constancia y perseverancia: creo recordar que ya había pasado por 6 o 7 gimnasios diferentes con resultado cero en todos los casos. Me dejaba llevar en mi aspecto, mi alimentación, mi sedentarismo y claro…eso se traducía en mi físico de una manera cada vez mas…no diría yo que alarmante pero si visible. Había oído hablar (como último recurso) de los entrenadores personales pero no sabía muy bien cómo, dónde encontrarlos y sobre todo asumía que era algo exclusivo de las “celebrities” y totalmente privativo en términos económicos.

En fin, el azar me llevó a la sexta planta de este edificio donde me informaron de cómo funciona la empresa y conocí allí a un grupo de entrenadores personales que trabajaban con un fervor casi religioso con sus respectivos clientes, llenos de formación técnica pero al mismo tiempo muy conscientes de lo importante que es crear un vínculo emocional con el cliente. Apoyaban, infundían ánimo, motivaban y lideraban a cada uno de los clientes en la dirección que cada uno precisara. Entre ellos estaba quien iba a ser mi entrenador, Lucas, el gran Lucas, mi compañero y co-artífice en mi metamorfosis.

El cambio no tardo mucho en operarse. Empezamos el entrenamiento y puedo decir que tras solo dos meses mi cuerpo empezó a cambiar a ojos de todos, familiares, amigos compañeros de trabajo etc…El proceso continuó, sentía que cada día estaba deseando entrenar (sensación desconocida en mi) y que yo ya era un Luis que cada vez más se parecía al Luis que siempre quise ser. No voy a mentir, hay que ser muy constante y disciplinado, controlar un poco la alimentación, no es oro todo lo que reluce….bueno no todo… pero los resultados sí que han sido oro puro. Gracias.”

 

Leer el testimonio de Francisco Ruiz